Juan Carlos Ramírez Figueroa

Seminario avanzado de Estudios Culturales, Pontificia Universidad Católica de Chile — 11 de diciembre de 2024.

Este ensayo explora el lugar de la nostalgia como herramienta cultural y estratégica en el relato político de la derecha radical, enfocandose en José Antonio Kast y su programa de gobierno Recuperemos Chile (2021). A partir de conceptos como nostalgia restaurativa (Boym, 2002) e identidad colectiva (Hall, 1997), se analiza la construcción y efectos de un pasado idealizado y homogéneo como estrategia movilizadora de afectos, cohesión de electores y legitimación proyectos políticos excluyentes. Se identifican los elementos discursivos que articulan su relato que incluye el retorno a valores tradicionales, la centralidad de la familia y la exclusión del “otro”. Al conectar estos ejes con lideres como Trump, Bolsonaro y Milei, el caso chileno se evidencia como parte de una dinámica global de la derecha radical. Estudiar el fenómeno exige una perspectiva interdisciplinaria que incluya los estudios culturales, la comunicación política y la teoría crítica para comprender sus efectos en las democracias liberales contemporáneas.

Palabras clave: nostalgia restaurativa, derecha radical, relato político, José Antonio Kast, estudios culturales, identidad colectiva.

Antiguedades del siglo XX como las fotos análogas, los perfumes descontinuados y el pop AM tienen la capacidad no sólo de evocar el pasado sino de idealizarlo, empujando nuestra memoria a ser más selectiva que nunca. Y así, por algunos segundos, tal como la escena de Anton Ego en Ratatouille (2007) 1 nos situamos en los dominios de lo sublime. Aunque aquello, en nuestro caso, nunca haya existido como tal.

Este flashback, podemos enmarcarlo en lo que Boym (2002) llama nostalgia restaurativa: la búsqueda de un ayer que jamás existió en los términos que se recuerda, pero cuya recuperación permite la salvación individual o colectiva. Y esto, nos obligaría a reconstruir ese pasado idealizado, sin decadencia y con la pretensión latente de recreación estricta de aquel momento. Algo que establecería una pauta normativa de acción que podría, desde su propia latencia, generar conflictos con la realidad presente (Koselleck, 2003; Montesó, 2018).

La nueva derecha radical 2 encarnada en nuestro país con José Antonio Kast (Chile) y el Partido Republicano, ha capitalizado este anhelo de pasado donde los perturbadores problemas contemporáneos —delincuencia, migración, desempleo— no solo eran menos visibles, sino que parecían inexistentes. Este fenómeno dialoga con las propuestas de contemporáneos como Javier Milei (Argentina), Jair Bolsonaro (Brasil) y Donald Trump (Estados Unidos) que ven el pasado como una herramienta para instrumentalizar (Campos, 2021).

Para entender cómo opera esta obsesión por el pasado, debemos pensar en una fotografía en sepia trabajada por una IA o un filtro de instagram. Emulando formalmente a esas familias de la elite chilena que posaban severas con bigotes, sombreros y ropas de aire victoriano frente a la Alameda de las Delicias o la Plaza de la Victoria porteña: todos sus elementos son seleccionados cuidadosamente para activar marcos cognitivos en la audiencia (Lakoff, 2017) y ser asociados a un tiempo indeterminado de orden, progreso y tradición. Esta operación nostálgica aprovecha los códigos del “tiempo vivido” de la memoria colectiva estructurada por representaciones compartidas y moldeadas socialmente (Halbwachs, 2004). En este caso, los elementos visuales seleccionados —el sepia, los atuendos, los escenarios— activan marcos cognitivos en la audiencia (Lakoff, 2017) que asocian estas imágenes con un tiempo indeterminado de orden, progreso y tradición. A su vez esta memoria activada, no sería solo un reflejo del pasado, sino una organización de recuerdos, adaptados al presente y reconstruidos estratégicamente para el futuro (Ricoeur, 2006). Si todo esto estás bien ejecutado en un discurso político, como veremos más adelante, tiene la capacidad de cohesionar emocionalmente al electorado, además de construir identidades y legitimar sus proyectos políticos (Sarasqueta, 2020). Por supuesto, aquello que se deja fuera de la foto —las sombras de la desigualdad, las exclusiones sociales y las contradicciones internas— es tan importante como lo que se muestra.

Todo lo anterior acontece en un escenario político donde la disputa central capital/trabajo ha sido reemplazada en las últimas décadas por valores conservadores vs progresistas (Norris y Inglehart, 2019). Es decir, el conflicto económico ha sido reemplazado por el cultural, generando un nuevo clivaje donde las diferencias se centran en un núcleo de identidad cultural, derechos de las minorías, género y diversidad y una disputa extra: globalización versus nacionalismo (Judis, 2016).

Entonces, ¿puede estudiarse a la derecha radical de Kast desde la óptica de los estudios culturales? Aunque esta ideología ha sido ampliamente estudiada en sus dimensiones políticas y sociales —Acha (2021), Mudde (2004) y Gartenlaub (2023) han realizado revisiones detalladas del estado del arte— como fenómeno cultural puede considerarse en una fase emergente. Aunque hay exploraciones sobre la rebeldía como rasgo cultural identitario (Stefanoni, 2021), la movilización emocional del autoritarismo y nacionalismo (Mudde, 2016) o el miedo como estructura discursiva (Wodack, 2015), el marco teórico de los estudios culturales de la derecha radical aun está implícito o en construcción. En este ensayo, podemos reconocer un aporte más en ese plano, considerando que según Hall (1997) las representaciones reflejan y construyen activamente la realidad mediante la generación de imaginarios colectivos que activan la acción política. Sobre todo porque la convergencia nostalgia-identidad-política, nos puede ayudar a encontrar claves relevantes de la construcción de su relato como estrategia discursiva y herramienta comunicacional 3.

Así, este ensayo, busca aproximarse a la derecha radical desde la perspectiva de los estudios culturales, mapeando su discurso a través de su relato político resumido en el programa Recuperemos Chile (2021) de José Antonio Kast 4, con el que se presentó en la segunda vuelta de la campaña presidencial de 2021 de la que resultaría vencedor, el progresista Gabriel Boric (55,87%), mientras que él obtendría 44,13%.

El objetivo, en conclusión, es entender los elementos que configuran una visión del pasado que se presenta como la solución a los problemas del presente. Así podremos comprender a Kast como la corporización de las estrategias narrativas de la derecha radical (Sarasqueta, 2020), pero también conceptualizar el pasado como una foto en sepia que, alterada, se transforma en arma cultural capaz de moldear el futuro. Porque, como dice Barthes (1980) una imagen no sólo ilustra el pasado sino que también lo crea. 

1. La nostalgia como clave cultural

A pesar de su raíz griega, la palabra nostalgia (nostos: regreso al hogar; algia: dolor, añoranza) es un término de acuñación reciente. Apenas hace cuatro siglos se empezó a utilizar para diagnosticar un nuevo tipo de tristeza, común entre estudiantes, personal de servicio o soldados instalados en una localidad ajena y que se centraba en el deseo de volver al lugar de origen, aunque por razones económicas sea imposible el regreso. Con estos antecedentes, Koselleck (2003) la redefine como el enfrentamiento entre la añoranza de un espacio de experiencia y un nuevo horizonte de expectativa que jamás logran conectarse.

A partir de esta disonancia, Boym (2002) distingue entre la nostalgia reflexiva que reconoce la parcialidad de los recuerdos (ficcionamos lo que no podemos conectar), posicionandose críticamente frente a ellos y la nostalgia restaurativa que busca volver a un pasado idealizado.

Esta última nostalgia, en cuanto a fenómeno cultural no sólo tiene que ver con las subjetividades, sino que también desde lo colectivo como activador de proyectos políticos, siendo explotada por la derecha radical generando un relato que asegura, promete, firma ante notario su capacidad de volver al pasado, traerlo mejorado y construir un futuro anclado en este “ayer” moldeado por la ficción.

En el contexto chileno, José Antonio Kast ha sabido articular una narrativa capaz de combinar estratégicamente estos elementos. Su programa Recuperemos Chile resume ejemplarmente, incluso desde la forma técnica de este tipo de formatos, cómo esta nostalgia puede ser instrumentalizada para legitimar una propuesta política que más que las desigualdades económicas, se centra en restaurar la seguridad y familia. Algo que implícitamente el candidato considera como espacios contaminados y descuidados por la propia derecha tradicional en su negociación con el mundo progresista o incluso, de centroizquierda que gobernó desde 2010 con Sebastián Piñera y Michelle Bachelet (Gartenlaub, 2023).

Tal como Donald Trump y su Make America Great Again, Javier Milei recordandole a sus votantes que Argentina fue alguna vez potencial “el granero del mundo”o Jair Bolsonaro, recordando el supuesto orden y progreso social que implantó la dictadura militar brasileña, Kast se emparenta con este afán restaurador.

¿Y por qué funcionan? Porque simplifican lo complejo a través de respuestas emocionales que resuenan profundamente en las audiencias (Mudde, 2019). Es el efecto de la palingenesia (palin = “otra vez”, génesis = “nacimiento”), posiblemente la primera materialización política de esta nostalgia, caracterizada por Griffin (1991) como la implementación estratégica mito del renacimiento nacional, presente en las dinámicas del fascismo histórico donde se proponía la idea de un estado puro, grande, ordenado. Es decir, como señala el autor la propuesta de una nueva civilización mediante la movilización de un pueblo en torno al mito de la regeneración nacional 5.

Marcha del National Front en Reino Unido, decada de 1970 Militante del National Front en una marcha en Reino Unido, años 70: la misma promesa de “estado puro, grande, ordenado” que describe Griffin, en su versión británica.

2. La foto en sepia que salió alterada

El programa, como veremos en las próximas secciones, propone símbolos e imágenes que evocan un Chile homogéneo, ordenado y próspero. Es decir, la foto en sepia propuesta al inicio, con sus omisiones y alteraciones que buscan conectar desde los afectos con sectores sociales que son empujados a sentirse amenazados por los cambios culturales y sociales presentes. Esto, debido a que las investigaciones pioneras disponibles sobre cómo el voto en Europa estaría condicionado por la amenaza a la migración pero no al fenómeno objetivo (Bustikova, 2020). La xenofobia tampoco sería un rasgo definitorio, sino más bien la distinción entre desigualdad socioeconómica y sociocultural y políticas públicas derivadas (Rovira, 2023).

Más sentido cobran los afectos entendidos como fuerzas pre-discursivas que estructuran las interacciones sociales y políticas, incluso antes de convertirse en emociones conscientes (White, 2017). Al ser solo parcialmente representados e integrados por las metodologías tradicionales que nutren las estrategias políticas, la conexión entre el actor político y el votante puede resultar desconcertante.

Gorra "Make America Great Again" La gorra de campaña de Donald Trump, ícono de la nostalgia restaurativa estadounidense.

Pensemos en Trump, reelecto en Estados Unidos en 2024, a pesar de mantener vigentes causas judiciales o expresar abiertamente información falsa sobre inmigrantes que se alimentan de perros (Ventas, 2024). Con Kast podria homologarse con las justificaciones que da al ser confrontado con las pruebas de la conexión de su abuelo con el nazismo (Molina, 2021); la participación de su familia en desaparición de campesinos durante la dictadura de Augusto Pinochet junto a su apoyo en la campaña del “Si” para mantener al dictador en el poder en 1988 (Rebolledo, 2019) o su defensa de condenados por violaciones a los derechos humanos como Miguel Krassnoff (Cooperativa, 2021).

Ciertamente hay un terreno fértil para alterar, quitar o agregar elementos a esta foto en sepia del Chile ideal que funciona como espacio de movilización de relatos que apelen a identidades colectivas para sumarlas a proyectos ideológicos. Como señalan Betz y Johnson existe una nostalgia en la derecha radical que es adaptada a una necesidad detectada y sin explotar en el votante, confundido ante los cambios socioculturales. “La ideología populista de derecha radical es anti-elitista, apelando al sentido común de la gente común; excluyente, rechazando a diversidad cultural y abiertamente discriminatoria, apelando al derecho a la identidad nacional” (2004: 312).

Metodológicamente, analizar esta nostalgia como dispositivo cultural necesita una mirada interdisciplinaria a través de los aportes de los estudios culturales, comunicación política y la teoría crítica. Bauman (2018) complementa esto, al señalar como el presente disuelve las certezas del pasado y la nostalgia opera como refugio y espacio de reconstrucción de sus bases. Justamente el lugar donde se instala esta derecha radical. Este punto de vista ayudará a entender como el presente es moldeado por este relato, generando una percepción específica caopaz de afectar el horizonte de expectativas del futuro.

3. El Relato Político como nostalgia movilizada

Una clave cultural como la descrita requiere una herramienta comunicacional para generar efectos en las audiencias y votantes. Es ahí donde podemos apelar al relato, entendido como forma discursiva. Aunque el concepto está consolidado en el repertorio del periodismo y comunicacional política, no siempre ha sido definido con precisión. White (1980) ya alertaba sobre la tendencia de la comunicación política de asumir que los seres humanos humanos comprenden la realidad a través de elementos narrativos. Esto obligaría a los actores políticos a preferir historias antes que cifras para lograr una influencia óptima a través de los medios. Kreiswirth, de hecho, afirma que desde la década de 1980 experimentamos un “giro narrativo” (1992) donde instituciones e industrias implementaron historias como argumento de venta —desde videojuegos a intervenciones militares, pasando por la política, salud o avances científicos, dejando de lado especificaciones técnicas, conceptos concretos o datos relevantes. Un recurso que a través de la cohesión del público en torno a una historia construida con una trama determinada y otros elementos narrativos, preserva estructuras de poder (D’Adamo y García Beaudoux, 2016). Todo esto enmarcado en la idea de discurso como una forma de acción social que moldea percepciones y construye realidades, donde el relato cumpliría objetivos estratégicos (Van Dijk, 2011).

Heath y Heath (2007) sostienen que los relatos exitosos comparten cuatro elementos: simplicidad, concreción, credibilidad y conexión emocional. En el caso de la derecha radical, estas existen formas específicas de integrarlos como la trama del héroe restaurador y la sociedad en peligro. Kast se presenta (y reprsenta en el programa) asi: el líder que puede “recuperar Chile” reconociendo el pasado como un espacio que el votante debe situara partir de un marco concreto: antes de la migración masiva, la delincuencia, el propio Gabriel Boric. Una vez reconocido ese momento, valorarlo como glorioso y luego visualizar un futuro prometedor. Algo que también da sentido de urgencia a las amenazas a esa visión dicotómica (Sarasqueta, 2018)

La definición operativa que propongo aquí se basa en un enfoque pragmático, reconociendo el abundante campo de los estudios literarios, lingüistica y narratología que estudia este fenómeno: el relato político es una forma narrativa estratégica, estructurada en la organización de elementos narrativos para presentar una visión macro anclada en el presente, conectada con el pasado y futuro, que busca movilizar afectos y emociones (como la nostalgia), legitimar acciones (el nacionalismo, el rechazo a la diversidad) y cohesionar audiencias (el votante) en contextos específicos (campaña presidencial).

Así, el storytelling, sería la puesta en escena táctica de este relato político, expandiendolo en distintos formatos y códigos. Salmon (2007) lo define como “máquina de producir historias” que adapta y manipula la información a diferentes contextos y formatos, como discursos, redes sociales y spots publicitarios.

Para finalizar esta sección es relevante destacar que el relato político de la derecha radical no solo moviliza emociones, sino que también reconfigura las dinámicas del sistema político. La la profesionalización de la comunicación política ha transformado las campañas en espacios altamente estratégicos, donde el relato se convierte en una herramienta esencial para competir en un entorno mediático saturado (Blumler y Kavanagh, 1999). Y esto obliga al resto de competidores a reaccionar a este relato, ya sea subiendo la voz o enfrentandolo con todos los riesgos que implica una nostalgia que hace ruido en el votante.

4. Nostalgia/Identidad: la arquitectura del relato de José Antonio Kast

El discurso político de José Antonio Kast se articula en torno a dos elementos centrales: la nostalgia y la identidad. Ambos son llaves abren puertas emocionales de su base electoral y al mismo tiempo son procedimientos que legitiman su programa político e ideología en el escenario chileno. 58 páginas que ya desde la cubierta parece reforzar la idea de un Chile “listo para construir”· en la memoria del votante ya que, solo se muestra una bandera flameando ante un cielo que no puede ser azul debido a ciertas nubosidades que aunque no anuncian lluvia (son claras, no grises) se concentran detrás del símbolo patrio. No hay rostros, ni referencia alguna de diversidad. Si bien no es el propósito de este ensayo hacer un análisis visual, es interesante como esta imagen se conecta con la idea de las imágenes no solo como representaciones sino como elementos constructores de significados culturales y políticos (Mirzoeff, 2009). Es en este contexto, entre el Estallido Social y la pandemia, donde se generó este programa, la bandera opera como un contraste ante la emergencia de símbolos de pueblos originarios o comunidad LGBT+ presentes en las calles, resaltando el sentido de unidad nacional y valores tradicionales.

Bandera chilena perforada por balines, en alto sobre una marcha del Estallido Social La bandera que el Estallido Social realmente dejó: perforada, en duotono, en medio de la marea humana. El contraste con la bandera limpia y solitaria de la portada de “Recuperemos Chile” no podría ser más directo. Fuente: captura usada en la presentación del coloquio original (dic. 2024).

a) Nostalgia Restaurativa y el Pasado Idealizado. Kast apuesta por un Chile homogéneo, ordenado y tradicional. Aunque no lo define explicitamente, es parte del juego ya que se transfiere al votante la capacidad de reconstruir esa foto del pasado: ya sea en 1987 viendo Robotech mientras la lluvia cae en Valdivia (y los papás seguían queriéndose), el gol con que Chile obtuvo la primera Copa América en 2015 (y las calles de Ñuñoa eran seguras) o cuando te entregaron la ansiada casa propia en 1974 en Iquique (y el sol brillaba tanto y nadie hablaba con acento de otro país). Es ahí donde la mente recupera el hogar perdido y que trasciende la contingencia, el dolor, las malas noticias (Koselleck, R, 2003). En Recuperemos Chile, el candidato promete devolver al país la estabilidad y la prosperidad supuestamente perdidas. Kast evoca la solidaridad y la conexión intergeneracional, posiblemente como referencia frente al impetu con que los jóvenes salieron a las calles a protestar, pero también a las nuevas subculturas (trap, gamers, creadores de contenido) y a líderes como el propio Boric-Frente Amplio con sus propuestas progresistas. Frente a eso están el legado de tradiciones y costumbres, heredadas y que debe preservarse.

Meme "Maravilloso Chile en los años 80 y 90" Meme nostálgico sobre el Chile de los 80 y 90, del tipo que circula ilustrando la “foto en sepia” idealizada.

“La cultura, a nivel social, contribuye significativamente a la generación de vínculos entre las generaciones, y entre personas de diferentes realidades y experiencias, favoreciendo la amistad cívica, el respeto mutuo y la solidaridad. A nivel individual, otorga a los seres humanos la capacidad de reflexionar sobre sí mismos, su entorno, el universo y la existencia. […] Nuestra historia y sus costumbres son un legado fundamental, valores que constituyen una herencia preciosa y que, además de favorecer nuestro bienestar espiritual, son el sustrato identitario que nos permite establecer un diálogo fructífero con culturas y tradiciones de otros lugares, antiguas y nuevas.” (p. 41)

”[…] anhelo es que nuestro país se vea a sí mismo como una gran unión de familias distintas en que el Estado se pone a su servicio para fortalecerlas y ayudarlas.” (25)

Imágenes y símbolos que evocan por omisión la amenza ante esta influencia desestabilizadora, que conecta con el nativismo, concepto clave en la derecha radical y que se relaciona con la identidad y reconocimiento de los habitantes de un país o comunidad, que debe protegerse de cualquier influencia externa (Ferreira, 2019). En este casio, el Chile de valores cristianos, familias tradicionales y la seguridad de poder pasear por las plazas sin miedo. Un relato que conecta emocionalmente con sectores conservadores que perciben los cambios sociales recientes como una amenaza a sus valores y estilo de vida (Gartenlaub, 2023).

b) Identidad colectiva y exclusión del otro. Si la identidad colectiva requiere una relación dialéctica con la diversidad del entramado social o “el otro” (Hall, 1997), Kast la rechaza de manera indirecta al centrar a la familia nuclear (entendida como la dinámica padres-hijos) como única alternativa digna de proteger, sin mencionar a otras formas de relacionarse en el colectivo social. Como si Chile se constituyera en torno a las familias tradicionales, sin necesidad de considerar ni siquiera estratégicamente otras posibilidades de habitar el espacio social. Su programa de gobierno incluye propuestas como la promoción de la educación basada en “valores morales y religiosos” (23) y el fortalecimiento general de la institución familiar. Ahi está de forma explicita el deseo de nostalgia por un tiempo en el que la familiua era el núcleo de todo. Así el relato deviene en construcción simbólica que legitima el modelo hegemónico de familia y excluye otras formas de organización social. Porque las emociones como la nostalgia no son meramente individuales, sino que adquieren una dimensión política organizadora de afectos colectivos que terminan definiendo lo normal o deseable (Ahmed, 2004).

Propondremos una política integral para incentivar la natalidad que implique, entre otras cosas, la generación de beneficios y subsidios asociados a ella y focalizados en las familias de menores ingresos, de modo de hacer una promoción activa de la vida.” (27) .

Es interesante como no existe mención alguna al feminismo, pueblos originarios o diversidad sexual pero siete referencias a migrantes, donde se propone controlarlos y expulsarlos del país, aunque se mantiene cierta coherencia frente al cuidado de los niños, aunque se les expulse.

Estableceremos recintos transitorios para inmigrantes ilegales, que permitan darle alojamiento, comida y atención de salud a las personas que crucen a Chile por pasos no habilitados, con especial cuidado de los menores, con el objeto que reciban un trato humanitario mientras se prepara su expulsión del país, conforme a derecho (13).

Para Kast, este “otro” incluye a movimientos feministas, comunidades LGBTQ+, inmigrantes y pueblos indígenas, que no aportarían a este relato de cohesión y estabilidad nacional centrada en la familia. Esta estrategia refuerza un sentido de pertenencia entre su base electoral pero al mismo tiempo que legitima políticas excluyentes, usuales en la derecha radical (Rovira, 2024).

c) Kast como corporización del relato político de derecha radical. El programa, como se señalaba anteriormente es sólo un insumo para analizar la estrategia discursiva del candidato, pero es importante destacar como se posiciona como el “cuerpo” del Partido Republicano y su proyecto ideológico. Si en la presentación del programa habla de Teresa de Calcuta como ejemplo de vida al ayudar a los marginados por la sociedad, acompañado de su firma (3), no solo se posiciona como continuador de esta tarea sino que expandirá esa lugar en toda su campaña. Allí se integra su lenguaje no verbal, modo de vestir, tono de voz y palabras en lo que Griffin (1991) señala como héroe restaurador que trasciende la propia política, guiando al país hacia un retorno a los valores y principios que, según su relato han sido erosionados.

José Antonio Kast hablando desde un atril forrado con la bandera chilena, dedo índice en alto El cuerpo como argumento: gesto, camisa blanca, la bandera de fondo. El lenguaje no verbal que Griffin describe hecho imagen. Fuente: recorte usado en la presentación del coloquio original (dic. 2024).

(Teresa de Calcuta) comprendía que la naturaleza humana no encuentra auténtica tranquilidad con el puro bienestar material, como lo demuestran, una y otra vez, la soledad y las tristezas de las sociedades satisfechas del mundo desarrollado. Las personas, cualquiera sea su condición socioeconómica, requieren de algo más: anhelan el calor humano. La vida digna exige, para que cada uno pueda desplegarla, un mínimo de bienes materiales, pero ellos no son suficientes, se necesita de esperanza y fe […] Presentamos a continuación no un programa de gobierno, sino el Plan de Gobierno concreto que esperamos aplicar cuando los chilenos nos den […] la responsabilidad de conducir los destinos del país. (3-5).

Desconectar la problemática económica del ciudadano, aunque si se hable de crecimiento y desarrollo macro, confirma el desplazamiento de las tensiones sociales desde lo económico a lo cultural que empuja la derecha radical, mencionados al inicio. Al indicar que lo importante es una “vida digna” puede movilizar a la base electoral para plegarse a una figura que “cambia de tema” frente a sus adversarios que insisten en las desigualdades estructurales de la sociedad chilena heredadas de la Dictadura. Una jugada populista (“los políticos de siempre vs. los problemas reales de la gente”) y estratética que moviliza su base electoral y reconfigura las dinámicas del sistema político al desplazar el debate hacia temas que refuerzan su narrativa, como la seguridad y la familia (Sarasqueta, 2020).

5. Los efectos de una estrategia global

El caso de Kast no puede entenderse en aislamiento. Su relato conecta con líderes internacionales como Donald Trump, Jair Bolsonaro y Marine Le Pen. Kast (y por extensión su equipo), adapta estas estrategias globales para conectar con las audiencias específicas señaladas anteriormente: chilenos y chilenas desconcertados ante los cambios culturales de la sociedad chilena y que necesitan estabilidad mediante un liderazgo fuerte pero con ciertos gestos humanizantes como el humor, uso de redes sociales o momentos desconcertantes frente a sus rivales (Stefanoni, 2021). En el caso de Kast, aunque no es propósito de este texto, resulta interesante su calma ante preguntas sobre derechos humanos o corrupción en la derecha.

Uno de los efectos más notorios del discurso de la derecha radical es la polarización del espacio político (Mudde, 2019). Al enfrentar un “nosotros” virtuoso versus un “ellos” amenazante, Kast amplifica las brechas sociales y políticas, lo que sería una estrategia populista simplificando problemas complejos usando dicotomías emocionales.

Por otro lado, la visión homogénea de Chile, excluyente de las diversidades, se perpetúan las desigualdades, ya que programas como el del Kast organizan afectos colectivos y legitiman jerarquías sociales (Ahmed, 2004). La nostalgia de un pasado supuestamente mejor, sería una herramienta opresora que justificaría políticas públicas que limitan derechos de ciertos grupos excusándose en la cohesión social.

Finalmente, este relato al movilizar la nostalgia (y el miedo), se terminan reconfigurando las prioridades políticas empujando a otros actores a moverse en ese mismo terreno (Norris, 2005). Así. En Chile la migración y la seguridad pública terminó siendo central en el programa de Boric, que en un principio estaba estructurado en torno a mitigar la desigualdad sistémica heredada de la Concertación (Titelman, 2023).

6. Conclusión: Nostalgia, relatos y perspectivas

La nostalgia si es movilizada estratégicamente, puede convertirse en un recurso político poderoso. Líderes como José Antonio Kast entienden que las emociones colectivas tienen la plasticidad necesaria para articular una conexión simbólica entre el pasado, el presente y el futuro, pero también permitiendo que la subjetividad defina qué entiende por un pasado digno de ser reactivado. Desde los estudios culturales, este fenómeno pone en valor el análisis del relato político en dos niveles: a) como herramientas discursivas y b) como expresiones de las dinámicas culturales y emocionales que estructuran la sociedad. La nostalgia sería un núcleo emocional capaz de legitimar proyectos ideológicos, redefine identidades colectivas y reconfigura las prioridades políticas.

Así, este ensayo busca abrir una conversación en la investigación cultural de la derecha radical, planteando preguntas que trascienden lo local y conectan con dinámicas globales. Algunas posibles líneas de investigación deberían incluir:

—Emociones y política. Análisis, sistematización y consolidación de marcos teóricos para comprender como la nostalgia, el miedo y la esperanza son utilizados estratégicamente en diferentes contextos políticos.

—Relato y nuevas tecnologías: Enfocarse en la capacidad de las nuevas tecnologías y plataformas digitales para amplificar, afectar y transformar las narrativas políticas, específicamente en el caso de la derecha radical.

—Impactos en la calidad democrática: Evaluar cómo el relato es capaz de influir en la confianza en las instituciones, generar polarización social o poner en peligro la estabilidad de las democracias liberales.

¿Podemos aproximarnos al estudio de la derecha radical desde los estudios culturales? No solo es posible, sino que necesario. En un contexto de guerra de relatos (Sarasqueta, 2020), generar un marco teórico permite obtener herramientas para desentrañar las lógicas profundas de este tipo de fenómenos. El caso de Kast expone cómo los relatos políticos no solo cumplen funciones operativas en un contexto de profesionalización de la comunicación política (Blumler y Kavanagh, 1999) sino también armas simbólicas que movilizan emociones, redefinen identidades y articulan proyectos de poder a través de la narrativa (Shenhav, 2006). Al posicionar este análisis dentro de los estudios culturales, espero iniciar una contribución al debate académico, pero también ofrecer perspectivas para enfrentar de cara a estas fotos alteradas del pasado, los desafíos políticos y sociales del presente.

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 https://elpais.com/internacional/2021-12-09/una-investigacion-prueba-que-el-padre-del-candidato-chileno-jose-antonio-kast-fue-miembro-del-partido-nazi.html

Salmon, C. (2011). Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Península.

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Notas

  1. El personaje, un amago crítico gastronómico, cae rendido ante la simpleza de un plato que lo transporta a su infancia en un acelerado flashback y que termina con dos decisiones fundamentales: abandonar la crítica y empezar a cocinar. Memorable es su reseña al restaurante atendido por humanos y ratones: In many ways, the work of a critic is easy. We risk very little yet enjoy a position over those who offer up their work and their selves to our judgment. We thrive on negative criticism, which is fun to write and to read. But the bitter truth we critics must face is that, in the grand scheme of things, the average piece of junk is probably more meaningful than our criticism designating it so (Bird, 2007). ↩

  2. Aunque los espacios comunicacionales especializados suelen utilizar indistintamente conceptos como derecha radical, extrema derecha y ultraderecha, la literatura especializada es capaz de distinguirlas como “familias de ultraderecha” (Mudde, 2019) que se definen a partir de su relación con la democracia liberal (Ferreira, 2019; Norris, 2005; Rovira, 2023) la derecha radical acepta el sistema democrático aunque rechaza el pluralismo político, las instituciones contramayoritarias o la protección a las minorías; la extrema derecha reivindica dictaduras, crímenes de odio y posturas antidemocráticas. Lo interesante es que comparten ejes: “nativismo”, “autoritarismo”, “sexismo”, “neoliberalismo” y “populismo”. Este último exalta las virtudes del pueblo frente las elites y a la sociedad civil vs el sistema político, aunque más estratégico que ideológico (Traverso, 2018) y configurador de sujetos políticos (Laclau, 2006). Todas ellas constituyen una nueva ola de la extrema derecha definida por Von Beyme (1986), caracterizada por su paso de los márgenes al centro de la discusión política (Mudde y Rovira, 2017). Por ende, aunque con reservas podemos emparentar todos los casos citados —partiendo por Kast— con el domicilio político de la derecha radical. ↩

  3. Se entiende el relato (“narratives”) como forma discursiva utilizada en la comunicación política sobre la base de que los seres humanos comprenden la realidad a través de elementos narrativos (White, 1980; Shenhav, 2006; Lakoff, 2017). Así, relato funciona como una herramienta discursiva comunicacional cuyo objetivo es generar significado y coherencia a una gestión política o empresarial, cohesionando a las audiencias a través del uso de elementos narrativos (Sarasqueta, 2020). Dentro de la literatura pueden destacarse tres funciones básicas: la simplificación de procesos complejos a través de las historias que los sintetizan (Lakoff y Johnson, 2003); la construcción de una identidad a través de valores y objetivos transmitidos a las audiencias (Cornog, 2003); y la legitimidad de un proyecto que, aunque involucra a un colectivo como un partido político, termina encarnándose en una persona como un candidato o presidente (D’Adamo y Beadoux, 2016). ↩

  4. Debemos advertir que este corpus forma parte de uno más extenso y escalable que recupera discursos de campaña, apariciones públicas y entrevistas en medios que formará parte de la tesis de grado. ↩

  5. Aunque autores como Alenda (2020), Mudde (2004, 2016, 2019) y Acha (2021) insisten en que el fascismo pertenece a un contexto histórico, por lo que no sería apropiado estudiarlo como parte de esta derecha radical, no deja de ser revelador conectarla con esta promesa de vuelta al pasado y la restauración idealizada de la nación en el futuro que se instaló en diversos países como Italia, Austria, Japón, Hungría, Portugal o la actual Croacia desde inicios del siglo XX. ↩